Muy cerca de la Cuesta del Bailío encontramos otro de los lugares más icónicos y misteriosos de la ciudad:
la plaza del Cristo de los Faroles, cuyo nombre oficial es Cristo de los Desagravios y Misericordia.
Ocho faroles rodean la escultura, iluminándola cada noche y representando a las ocho provincias andaluzas. Pero durante siglos, este lugar ha sido testigo de algo más que devoción.
La leyenda cuenta que, cada noche a las doce en punto, se escuchaban pasos pesados, arrastrados, que se detenían justo a los pies del Cristo.
Un vecino, dominado por la curiosidad, decidió observar de cerca. A medianoche exacta, una figura cubierta con un sayal negro apareció en la plaza. Se arrodilló ante la escultura y comenzó a rezar con dificultad.
Durante noches, el vecino repitió la escena… hasta que decidió acercarse.
Al tocarle el hombro, la figura se giró.
No tenía rostro. Solo un vacío oscuro bajo la capucha. Sus manos estaban ensangrentadas.
La aparición confesó haber muerto en una batalla a los pies del Cristo. Sus últimos minutos los pasó rezando, iluminado por los faroles. Desde entonces, su espíritu regresa cada noche, buscando redención.
Hoy, la plaza sigue siendo un lugar de recogimiento… pero cuando el reloj marca las doce, el silencio se vuelve más denso.

Imagen generada por IA.
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